Crear entornos comestibles

Crear un entorno comestible

¿Todos recordamos el capítulo en el que Homero aparece en un mundo de chocolate y comienza a comerse el entorno? Bueno, eso no es real. Es cómico, si, pero no real.

Ahora bien, si pensamos detenidamente a la idea de vivir en un entorno comestible no suena tan loca ni dificil de implementar, ¿qué opinan? Para no demorarlos les doy la respuesta: no, la idea de tener un entorno comestible no es tan loca y de hecho ya se puso en práctica con éxito hace algunos años en Todmorder, UK.

Para ser más gráfico, Pam Warhurst cuenta en su charla de TED como mediante Incredible Edible lograron reacondicionar espacios verdes, terrenos baldíos y frentes de casas y edificios públicos para poner allí productos comestibles que estén a disposición de quién quiera servírselos. A esta acción la llevaron adelante a pulmón, es decir sin ayuda estatal, sin fondos externos y solo mediante la buena predispoción de volutarios, muchos de los cuales terminaron comercializando los excedentes de producción.

Esto tiene dos patas que sustentan la cuestión, la primera es que la gente del lugar deja de consumir frutas y verduras transgénicas congeladas que viajan miles de kilometros y pasan a comer productos más frescos. La segunda es que acercamos a las nuevas generaciones a una alimentación más sana y de manera natural, sin forzarlos a aprender sobres tal o cual fruta… porque la podrá ver todos los días en la vereda de la calle donde vive. Bueno, y la tercera para quién pueda, quizás le sea una alternativa rentable.

Los invito a ver la charla y luego seguimos charlando:

Crear entornos comestiblesAhora si, ¿se imaginan que lindo sería vivir en un entorno como el anterior? Por ejemplo, imaginen que lindo sería que un restaurante equis destine una porción de tierra que tiene frente a su local para plantar hierbas aromáticas, las use en su cocina y las comparta con la gente del barrio, que de alguna forma u otra es la que le da de comer al restoranero.

Este ejercicio que parece utópico no es más que un par de plantines que implican una inversión mínima, incluso mucho menor que un solo ticket de cualquier restaurante, un par de vasitos de agua a diario para mantener vivas a las plantas y un cartel que avise a la comunidad que puede usarlas a gusto. ¿Vieron que no cuesta tanto? ¿Conseguiremos que alguien lo implemente en nuestra ciudad?

5 Comments

  1. Pingback: Bitacoras.com

  2. Una bajada de línea impecable, Mauro.
    Ojalá prospere. Coincido con vos en que se trata de buena voluntad y un poco de imaginación: ¿qué tal si volvemos a los frutales en la vereda, por ejemplo?
    Y en tato verde desperdiciado en las ciclovías … se me ocurre desde girasoles hasta castaños, nogales, almendros….
    Me encantó la iniciativa.

    • Me encantó la idea principalmente por su simplicidad. Ya voy a preguntar personalmente a ver quién se prende…

      (Ojo, las ciclovías bien utilizadas son buenas…)

  3. Sencillo,práctico y lo bueno es que mejoraría el especto estético de las veredas.. No quiero ser pesimista,pero tenemos que saber si la colaboración de las mascotas con el » riego » seria positiva o no… Por supuesto que tendríamos que mejoras ese aspecto de la educación de los que sacan a «pasear» sus mascotas… pero ese es otro tema y no por eso la idea deja de tener sus valores ni deja de ser una idea muy interesante….

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